"Sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta. La verdad puede ser descubierta por cualquiera de nosotros, sin la ayuda de autoridad alguna; al igual que la vida, está siempre presente en un sólo instante"

Jiddu Krishnamurti

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Saturday, November 25, 2017

La guerra no es un hecho natural


Aunque no hay que ser catedrático para avizorar la perversidad extrema que puede desatar un conflicto bélico, el académico norteamericano Howard Zinn, profesor de la Universidad de Boston durante 24 años, nos recuerda sobre esta nefasta realidad y por qué es necesario concientizarla si queremos en alguna manera mejorar la condición humana.
Con relatos de su propia experiencia personal como bombardero en la segunda Guerra Mundial, este historiador y activista solía exponer en sus charlas cómo la guerra corrompe y envenena a todas las partes involucradas. Explicaba cómo había observado que entre sus compañeros de batalla no existía ningún deseo espontaneo genuino interior de participar y matar a nadie; lo que lo llevó a reflexionar y a concluir que la guerra y el instinto de asesinar no es un hecho natural en el ser humano. La explicación, según Zinn, es que la voluntad de participar en un conflicto bélico y disparar y lanzar bombas al enemigo viene impuesta en el soldado por el entrenamiento militar e infundida en el individuo por la acción promocional del Estado. Zinn señala que las guerras no nacen por aclamación popular, sino que son los líderes de una nación los que las impulsan y preparan a la población para que participe. Para este fin existen dos maneras según este académico: una, mediante la persuasión y el engatusamiento: es decir a través de la maquinaria propagandística. La otra es mediante la coerción y la fuerza: o sea el servicio obligatorio. “No es que los lideres siguen la voluntad del pueblo, sino que la voluntad del pueblo es manufacturada por parte de los lideres”, sintetizándolo en sus mismas palabras.
Sus lecturas sobre estudios conducidos por antropólogos sobre sociedades primitivas lo llevaron a concluir que no existe evidencia científica de que la violencia sea algo inherente y natural en el ser humano. Según los antropólogos algunas culturas tienden a ser violentas, mientras que otras tienden a ser pacíficas, siendo la determinante para ello las circunstancias ambientales bajo las cuales se vive. Es decir, la agresión no es una cualidad universal, ni la guerra parte inevitable de la naturaleza humana, sino que más bien son las condiciones externas las que influyen y en buena medida determinan el comportamiento humano. Y a pesar de que pueda existir una propensión inherente hacia la violencia en algunos, Zinn nos recuerda que ella puede expresarse tomando varias formas y no necesaria y únicamente mediante la agresión física al prójimo.
La solución no es una paz que perdure entre un conflicto y el próximo, sino un cambio radical de sistema en el cual la guerra pierda su razón de ser y lucro, y la empatía tome primer lugar ante la ambición. Pero ello es imposible sin la más profunda y significativa de todas las transformaciones: la de la conciencia humana.

“No podemos tener paz si sólo estamos interesados en la paz. La guerra no es un accidente. Es el resultado lógico de una determinada forma de vida. Si queremos atacar a la guerra, tenemos que atacar esa forma de vida”
A.J. Muste, activista político y pacifista estadounidense

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